Una vez que se han reconocido los elementos más importantes de nuestros sueños (los elementos recurrentes, los meramente anecdóticos y los colores), podemos realizar una primera lectura de nuestros sueños.
Una vez que hemos llevado un registro de nuestros sueños en un diario y hemos intentado una primera interpretación de los símbolos que los habitan (a través de las sensaciones que nos producen), hay que jerarquizar todo lo que aparece en ellos según una sencilla clasificación:
1. Lo recurrente
Y que asumiremos como la más importante. ¿Qué elementos, personas, colores, música, símbolos se repiten con mayor frecuencia de un sueño a otro? Aquello que ocupa nuestros sueños en abundancia, es central para comprenderlos. Muchas culturas creen que este elemento recurrente es nuestro mensajero particular: esa forma que hemos dado a nuestro inconciente, y en que residen las claves de nuestra espiritualidad
2. Lo anecdótico
La mayor parte de las veces, llevamos al sueño las últimas impresiones del día: la última charla que tuvimos, la última imagen que presenciamos antes de cerrar los ojos, un programa de televisión, una foto… Debemos desechar como parte del mensaje todas esas impresiones que provengan de lo inmediato. Son el ruido del día a día.
3. Los colores
Habitualmente, hay un color que impera en los sueños, como si los viésemos por una pantalla mal configurada. A veces, soñamos en blanco y negro. A veces, sobre un fondo amarillo. En ocasiones, sólo algunos elementos del sueño tienen color, uno brillante y vivo. Hay que intentar recordar, siempre, el color que impera en cada uno de nuestros sueños.
Fuera de las escuelas psiconalíticas, el arte de la interpretación de los sueños intenta revelar aquello que, desde lo más profundo de nuestro ser, intentamos decirnos. Un sueño es un mensaje escrito en símbolos y claves que nos dirigimos en ese estado en el que estamos más en contacto con nuestra zona espiritual. A nosotros y sólo a nosotros nos corresponde descifrarlo para recibir la gracia de una advertencia, un consejo o un vistazo del pasado o del futuro que ignoramos.
La magia no necesariamente excluye los objetos modernos, ni a los electrodomésticos. de hecho, un elementos usado en sortilegios cotidianos es el refrigerador.
En algunas zonas de Centroamérica se utiliza para presionar a los santos (en particular a San Antonio): se encierra a sus figuras dentro del refrigerador, y de esa manera se consiguen las gracias concedidas.
Desde tiempos inmemoriales, los cuchillos y dagas son un elemento central y crucial de la magia. Siempre relacionados con los sacrificios, su verdadera esencia se ha desvirtuado. En un principio (y así es como vamos a abordarlo) el cuchillo estaba más relacionado con la aguja de una brújula y sus poderes que con el derramamiento de sangre.
Cuando los antiguos cazadores perdían el rumbo, aprendieron que de imantar la punta metálica de sus flechas o sus dagas, encontrarían el Norte y su rumbo. El cuchillo de esta manera, en lo que concierne a la magia blanca, es un sextante que nos puede indicar el rumbo a seguir o brindarnos una respuesta.
El 8 es, desde tiempos inmemoriales, el número del equilibrio, de las demandas satisfechas, de la capacidad de otorgar, del hambre superada, de la unión perfecta entre opuestos..
Dentro del Tarot, los Arcanos menores que ostentan el 8 indican un ingreso en una meseta de tranquilidad, de serenidad, donde los males y problemas se mitigan, y es posible pensar en un nuevo comienzo, en seguir sobre la senda que habíamos extraviado..
Es una tirada especular (que muestra como los hecho del pasado influyen en el devenir), bastante efectiva para conocer el pasado del consultante, su presente y los avatares de su futuro.
Se procede a que el consultante mezcle el mazo completo (tanto con Arcanos menores y mayores) y una vez barajado, se le pide que tome la carta en la parte superior. Dede colocarla en el centro de la mesa.
Durante siglos, debido a la dominación masculino, el universo femenino tuvo que quedar encerrado entre cuatros paredes. Y con él, también los dones femeninos, materiales e inmateriales, todo lo que se debe al Agua, a la Tierra a los ciclos naturales. La magia de lo femenino.
Un poder que se impregnado en los objetos cotidianos que han ido quedando como herramientas y compañeros de esa doble jornada que las mujeres han padecido como hijas, compañeras y madres. Una magia que podemos invocar para ayudarnos.
Existe una gran variedad de barajas de Tarot. Desde los que son reproducciones de los tarots históricos (como el de Marsella), los que homenajean alguna cultura (el Egipcio), algunos dedicados a las hadas o el folklore, y existe incluso un hermoso mazo pintado por Dali.¿Cuál es el mejor Tarot?
En realidad, se trata de una decisión absolutamente personal. La respuesta a esa pregunta es muy sencilla: el que te hable, en el que te veas reflejado, aquel cuyos símbolos te veas reflejado.
¿Porqué? El Tarot es un instrumento mediante el cual el tarotista potencia su capacidad de empatia, de percibir las impresiones del consultante. Como tal, sólo el tarotista sabe cuál es la mejor herramienta para desarrollar sus oficio y cumplir con su deber.
El 10 de espadas es un Arcano que señala dificultades. Tiempos desagradables: de mucha desconfianza en los seres cercanos, compañeros de trabajo, amigos, amantes... El 10 de espadas es la Traición. Sin embar, no todas las traiciones viene del afuera. Las peores provienen de nosotros mismos.
Sin embargo, la naturaleza de este Arcano no nos exime de culpas: las espadas con las que nos hieren son las espadas con las que hemos herido. Damos, con nuestras ofensas e irresponsabilidades, armas al enemigo para que nos lastime, derribe, destruya.
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