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Nuestros nombres

Otra manera de intentar analizarnos es la del nombre. Observamos cómo dependiendo del origen del mismo tenemos una u otra personalidad. Lo más curioso es que muchas veces aciertan. No será la primera vez que vemos los famosos azulejos con los nombres en las tiendas de souvenirs y leemos la descripción, más o menos exacta, de la personalidad de la persona.

Sin embargo debemos volver al inicio una vez más. Cómo y por qué algo tan arbitrario como el nombre puede llegar a marcarnos. Es decir, ¿realmente nos marca o queremos que nos marque? No tiene ninguna lógica que por ponerle un nombre a un hijo o a una hija vayamos a tener a una persona complaciente u obstinada.

Pero observamos que así es, casi todos los que se llaman Manuel suelen ser por el estilo, o Pedro o María del Carmen. ¿Mera coincidencia?…no creo, debe haber algo que realmente nos conforma como personas en nuestro apelativo.

No trato en este post de que los futuros padres se lean todas las webs de nombres para saber cual sería el mejor para su próxima criatura…pero no estaría mal que lo hicieran ya que el nombre y la personalidad te marcan a fuego.

Otra cosa, los nombres de los pueblos que ya no se usan no tienen significado específico. ¿No tienen personalidad pues?, misterios por resolver que pocos han intentado comprender. ¿En manos de quién estamos? Del destino compañero.