Tarot y Videncia

Arcanos Mayores: ¿Qué significa El Juicio?

Arcanos Mayores Que Significa El JuicioEl Arcano XX es uno de los más complejos en su simbolismo y significancia, pues refleja un conglomerado de conceptos filosóficos y religiosos. El primer sentido que la carta nos revela apenas y la vemos es el religioso: en la parte superior de la imagen un ángel toca la trompeta llamando a la presencia divina a los vivos y los muertos para el Juicio.

En la parte inferior, los vivos y las almas acuden al llamado de Dios. Lo hacen de tres en tres (representados como dos familias de tres miembros). Los vivos están al fondo, las almas en primer lugar. Unos y otras se encuentran en el Valle de Josafat, a la espera del dictamen divino. Esto simboliza la concurrencia de lo material y lo espiritual para su examen.

Este Arcano contiene muchos de los conceptos ya representados en otras cartas: la disyuntiva entre vida material y espiritual del Sumo Sacerdote, el juicio por las acciones de La Ley, el amor como redención de Los Enamorados

Pero, en el caso de El Juicio, el Arcano sopesa las desiciones realizadas en esas materias a lo largo de la vida, y emite un veredicto. Se trata, sí, del Ojo Divino midiendo nuestras acciones en todos los niveles, y más que aprobar o reprender, señala el inicio de una nueva etapa, fruto lo que hemos hecho, o de lo que hemos dejado de hacer.

El Juicio es un Arcano que aparece para anunciarnos que recibiremos lo que es justo, lo que merecemos, y nos invita a un examen interior para reconocer aciertos y errores.

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  • Chus

    El Juicio, o El Juicio Final, es el arcano nº 20 de la serie de los arcanos mayores del tarot. Representa una etapa de la evolución de la consciencia humana en la que ésta, tras un proceso de crecimiento y maduración, se abre a la perspectiva y al influjo de un plano superior y unitario de la consciencia total. Las figuras humanas son de color gris, que sugiere el equilibrio de los opuestos (la mezcla de los colores exactamente complementarios nos da el color gris) un estado que representa la maduración y la cosecha obtenida en un proceso de confrontación de experiencias. Las figuras, que representan a las fases de la consciencia humana, (auto-consciencia –masculina, subconsciente-femenina, y la “nueva criatura generada de la nueva interacción-infante) se yerguen en unos ataúdes flotantes, también grises, abiertos, y con forma de prisma rectangular, lo que sugiere que han conseguido liberar sus fases de expresión de la percepción tridimensional y ahora están enfocando dichas fases en la atención a una fase superior, unitaria y ubicua, representada por un Arcángel que aparece entre las nubes, haciendo sonar una trompeta que emite 7 rayos, 7 vibraciones sonoras.
    Las actitudes de las criaturas “resucitadas” (de la experiencia tridimensional sujeta a la polaridad y al cambio) son significativas, especialmente la concerniente al la figura masculina, y a los poderes o cualidades de la consciencia que ésta representa: la percepción auto-consciente, la razón, la atención, las cualidades del cerebro superior humano. En el resto de la serie del Tarot, en las claves precedentes, las figuras humanas masculinas adoptan diversas actitudes y funciones, cada una con su significado, pero diferentes a ésta. Aquí la actitud del “homo sapiens” pensante y racional, es la de entrega, la de enfocar su mirada hacia esa realidad interna que por fin se le revela, aquietando su obrar, o el obrar que siempre ha creído que era “suyo”, atendiendo a una vibración y a una percepción que es nueva para él.
    La imagen femenina, que representa al inconsciente personal, eleva los brazos en una actitud de recepción al influjo superior. El inconsciente personal ha sido deliberadamente liberado de la sumisión a las premisas sugestivas de la anterior fase de lo que representa el masculino. Ya no tiene que desarrollar, cultivar, gestar y parir en forma de realidad circunstancial, todas esas premisas que estaban basadas en la exclusiva percepción de la separación. Ahora se le permite abrirse completamente al influjo del arquetipo activo y vibratorio de la ley universal y su perfección y actitud regeneradora, redentora y equilibrante, representada por los 7 rayos de la trompeta y el sonido de la música de las esferas, la música única que suena en todas partes. Incidentalmente, esos 7 rayos y su actividad son las vibraciones afinadoras sanadoras que re-estructuran y afinan los 7 centros energéticos del ser humano conocidos como “chakras” en las tradiciones orientales, o como las 7 estrellas internas o los 7 metales alquímicos de las tradiciones esotéricas occidentales.
    La resultante es el nacimiento de una nueva criatura, hija de esta nueva situación en la que la auto-consciencia ya no bloquea al inconsciente con sugestiones de separación, y le deja recibir el influjo armónico de la música interna unitaria. Esa criatura está completamente abierta y solo atiende, a una nueva fase de percepción unitaria, que rebasa la percepción tridimensional espacio-temporal, el nuevo “Hijo del Hombre” el exponente del 5º Reino de la Naturaleza.
    Tanto el número de la Clave, 20, como el simbolismo del estandarte, (4 cuadrantes blancos y 5 rojos de las 9 divisiones cuadrangulares en las que se puede subdividir el cuadrado de su figura) son símbolos de la multiplicación de 4 x 5, números que en el Tarot están representados por la Calve 4, El Emperador, y la Clave 5, El Hierofante. El Emperador es la expresión y el poder de la máxima autoridad humana, la Razón, y el Hierofante, (el papa) lo mismo respecto a la máxima autoridad divina en la Tierra: la Intuición (la recepción de guía o conocimiento interior obtenida tras una fase de receptividad y entrega.) Esta multiplicación de 4 x 5 es la combinación perfecta de ambos aspectos, de las actitudes y ejercicios que representan, razón e intuición, apoyándose el uno en el otro, fundiéndose.
    Y este es el estado al que alude el simbolismo de “El Juicio Final”, la resurrección de los muertos, la resurrección y restauración de la conciencia humana atrapada en la cuadratura de la percepción tridimensional, parcial, separada, cada uno en su ataúd flotante en ese mar que representa la conciencia unitaria en la que vivimos todos, sometidos a los flujos y reflujos de sus mareas. La nueva criatura despierta al influjo de una radiación emitida por lo que unos llaman dios, o en esta escala de valores sicológicos la “súper-consciencia”, y empieza a referir sus percepciones a un nuevo marco de relaciones y de entendimiento, a una nueva escala de premisas que se basan todas ellas en la unidad, en la globalidad, en la pertenencia a un organismo universal que se mueve al son de una sola música, la “música de las esferas”, el “sonido del silencio” y el “verbo” que “era al principio” al que se refiere el comienzo del Evangelio del San Juan, el verbo que se transforma en Luz que habita entre nosotros. La pura luz que ilumina las fases y el escenario de nuestra consciencia ahora mismo.
    EL momento del “Jucio Final” no es un momento temporal que señala el fin del mundo y de todas las cosas, salvo para la experiencia tridimensional limitada, sino el momento en que se hace realidad para la percepción, la experiencia y la existencia de un plano de realidad interno y unitario que penetra y disuelve todas las falsas apreciaciones conseguidas con el anterior tipo de percepción y entendimiento.
    Y creo que hoy es el día en que se puede decir que en muchas fases de la consciencia de los habitantes del mundo se está produciendo el despertamiento a la nueva dimensión de la consciencia, muchos ataúdes empiezan a entreabrirse y atisbar la luz, cegadora al principio, como quien se despierta con la luz de la mañana, de una nueva atmósfera desconocida; muchísimos enfoques están cambiando, muchas veces por el impulso de la crisis y de la necesidad, hacia una perspectiva global, unitaria, interdependiente, que cuestiona todas nuestras limitaciones y egoísmos, todas nuestras posesiones materiales basadas en la ilusión de permanencia y separación.
    Tiempo es ya para que, entre tanto vocerío cacofónico emitido por lo que es llamado “legión”, dejemos un espacio de silencio perceptual para captar ese sonido, ese rumor de fondo que nunca ha dejado de sonar.